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Mostrando las entradas de junio, 2018

Un tema de prioridades

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Los rusos de quienes nos hicimos amigos bajaron en Severobaikalsk. Tras varias horas de buena compañía nos dejaron sus contactos y nos conectaron con uno de sus amigos en Taishet, quien nos recibiría en su hogar y conseguiría trabajo para Henríquez y para mí por dos días en el hotel Biryusa. Teníamos la idea de encontrarnos con él apenas desembarquemos en la propia estación de trenes. Pero cuando descendimos no lo vimos al instante y como en minutos comenzaban los últimos juegos de la fase de grupos nos fuimos de allí.  Con Henríquez queríamos encontrar un bar o restaurante donde pasen los partidos simultáneos en dos televisores pero nuestra perspectiva cambió al notar un detalle desde el exterior de la estación. A solamente dos cuadras encontramos el hotel donde se supone que trabajaríamos, enseguida nos dirigimos allí y nos presentamos ante el recepcionista. El trabajador no fue avisado de nuestra llegada por lo que nos pidió que volviéramos mañana.  Salimos d...

La cerveza más amarga

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Hoy volvimos a pasar por Tynda durante la parada de 30 minutos. El ruso que ayer compartió su tablet con nosotros bajó justamente allí. No supimos cómo se llamaba y él tampoco supo nuestros nombres pero al menos su compartimento con la tablet nos ayudó a conocer a dos nuevos de sus compatriotas que tomaron el tren a partir de Komsomolsk.  Ellos se comunicaban con nosotros en inglés y entablamos relación, como decía, gracias a la simpatía del veterano que compartió las transmisiones de los partidos de ayer. Los dos nuevos tripulantes del transiberiano se acercaron durante el Argentina-Nigeria e invitaron con unas cervezas que tenían.  Apenas nos detuvimos en Tynda, hicimos una pequeña colecta con el fin de comprar provisiones para el resto del viaje y por supuesto para ver los encuentros del día. Henríquez y yo no nos alejamos por más de 10 metros del tren, aún teníamos un estado de paranoia por no contar con más dinero para otro pasaje y por el error de haberlo...

Más despidos

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Abordamos el transiberiano sobre el mediodía de Vanino. Nuestro próximo será Taishet que es hasta donde el dinero nos alcanza para comprar pasajes; allí veremos cómo seguir nuestro viaje. Siempre se puede volver a repetir el cantar canciones de Natalia Oreiro en la calle. Con Henríquez pensamos en bañarnos apenas subimos al tren pero como en esta oportunidad sacamos boletos en tercera clase, no contamos con derecho a ducha ni tampoco a la canasta de frutas que nos dieron la vez pasada.  Nos acomodamos en una de las cuchetas del vagón mientras que la del frente nuestro solamente la ocupaba un ruso muy callado de unos 60 años que tomaba vodka y miraba una tablet apagada. El ruso daba vueltas el aparato buscando el botón de encendido. Cuando se rindió, levantó la vista y se dio cuenta que nosotros lo observamos. Eso no lo ofendió ni lo hizo sentirse invadido porque su primer pensamiento de nosotros fue que eramos su oportunidad. Nos hizo un gesto pidiendo que nos a...

Dúplex

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Nos quedamos el día entero en Vanino. Tras dormir en una pequeña pensión, caminamos por la ciudad recorriendo principalmente la franja costera. No sabemos si era por el enojo e impotencia de haber tomado el tren en dirección contraria (o simplemente porque la ciudad no nos gustó) que no encontramos nada bonito en ella. Henríquez por primera vez no tildaba un lugar de "Paraíso Fiscal". Tras varias horas de caminata encontramos un bar deportivo llamado Myunkhen cerca del lago Ozero Muchke. Allí entramos y nos ubicamos en una mesa del centro frente a la barra, por debajo de la ventana y una bandera del F.C. Barcelona. Los televisores colgados a la pared se distribuían uno a la derecha nuestra y otro bien al frente. La idea de comer y beber allí tenía la ventaja de que veríamos las transmisiones de los partidos en simultaneo. Henríquez me propuso que yo mire los encuentros de la TV del frente porque está más cerca y mi vista suele fallar con la distancia y él se conc...

Renacimientos

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Un día entero. Veinticuatro horas tardamos en darnos cuenta que cometimos un grave error. En todo ese tiempo vimos los partidos del sábado, comimos, nos duchamos, charlamos con el cantinero del bar solamente de fútbol... Y ahí no actuamos de forma inteligente. Si nuestra charla se hubiera extendido a otros temas seguro no demorábamos tanto en darnos cuenta que hacíamos mal. No fue hasta que vimos al bartender y a la gran mayoría de los pasajeros bajar del tren que notamos que algo raro estaba ocurriendo. No parecía otra de las paradas de 30 minutos para comprar comida. Apenas reaccionamos fuimos detrás de nuestro amigo del bar y le preguntamos por qué bajaba con su equipaje, a lo que respondió que casi llegamos al final del trayecto. -¿Estamos cerca a Moscú? – pregunté. -¿Moscú? Nunca más lejos. ¡Bienvenidos a Vanino, mis amigos! ¡Abordamos el tren en dirección contraria! Un pequeño error de orientación que nos alejó más del occidente ruso.  Enseguida tom...

Estrellas en el día

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Esta vez sí abordamos el tren. No nos quedamos dormidos luego de comer y enseguida hicimos guardia junto al local de los boletos esperando que abra. La chica que nos atendió no hablaba ni inglés ni español pero con esfuerzo conseguimos comprarle dos pasajes que costaron mucho menos de lo que averiguamos la primera vez. Abordamos el tren temprano en la tarde. Dejamos nuestras pertenencias en una de las cabinas de segunda clase de cuatro metros cuadrados y partimos a conocer el resto de los vagones para conocer las diferencias entre las distintas clases y los servicios que ofrecen dentro del tren. Alrededor de las 18 horas y luego de comer un cesto de frutas que descartaron en una de las cabinas de primera fuimos al vagón del bar. Allí colgaba un televisor pero estaba emitiendo el partido que iniciaba la jornada. Preguntamos al cantinero si podía sintonizar el partido de Bélgica y Túnez pero nos contestó que el aparato no tiene antena ni codificador, pero que si poseíamos co...

Clavados de último momento

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La mañana nos tomó por sorpresa en la estación de trenes en Tynda. Sin pensarlo, a lo que lleva que nuestros actos de las horas anteriores sean inconscientes, tomamos alcohol en abundancia y nuestros cuerpos no fueron capaces de despertar antes de que el Transiberiano pase por la localidad.  De cualquier forma, no íbamos a poder abordarlo. Como malos administradores, el resto de nuestro dinero fue llevado por la corriente de ríos de alcohol y esas aguas espirituales también nos arrastraron hasta la total indigencia. No es que antes fuéramos ricos, caminábamos sobre la línea que bordea el no tener nada y el poseer al menos dinero para el transporte hacia Moscú.  Los errores de una noche loca tienen sus consecuencias. Por eso debíamos buscar la manera de conseguir 26 mil rublos rusos en pocas horas para pagar el pasaje de ambos y así evitar pasar otra noche alejado del foco mundialista.  – ¡Piensa, piensa, Henríquez! Tú eres el de las buenas ideas para mo...

Las barreras del idioma y el desconocimiento

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Fedor nos acercó hasta la estación de trenes. Sheva comenzó a despedirse ya que no continuaría por los mismos caminos que Henríquez y yo, así que nos llenó el alma con un fuerte abrazo. – Buen viaje, queridos amigos. Fue un gusto conocerlos – nos dijo. – Pueden comprar su boleto de tren en aquella ventanilla. Le contestamos que era una lástima que no quiera seguir el recorrido con nosotros pero entendíamos que llegó su momento de reencontrarse con su embarcación y elevar anclas para volver al mar. No teníamos derecho de continuar alejándolo de su lugar. Sheva nos volvió a abrazar y luego Fedor nos dio la mano a cada uno. Un rápido “ do svidaniya” y se fueron juntos por el mismo camino que hicimos para llegar a Nériungri. Apenas nos dejaron fuimos con Henríquez a comprar los tickets para viajar en tren a Moscú. Llegamos a la ventanilla y pedimos a la vendedora dos boletos en el transiberiano para la capital, a lo que ella entre un poco sorprendida y otro poco p...

Mínimo esfuerzo

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En la noche de ayer durante los festejos en la casa de Yuri por la victoria de Rusia, el alcohol se repartió como si fueran “tiempos de vacas gordas”. Nadie está acostumbrado a la abundancia de nada, por lo que cualquier cosa que se tenga de más produce un desequilibrio en el ser poseedor. El mareo de un borracho por ejemplo. Como iba diciendo, nadie desarrolla una inmunidad ante la abundancia, mucho menos a las "bebidas espirituosas". Ni siquiera rusos de alto porte que en sus facciones podemos leer el mapa de noches pasadas que marcan el camino entre una bebida y otra. Así es Fedor, el vecino de Yuri. Un profesor de filosofía retirado que dominaba el inglés por estudiar en la Universidad de Columbia cuando su padre era un espía soviético.  La situación de borrachera lleva a cualquier individuo a prometer cosas que no va a querer hacer después. En dicho términos se encontraba Fedor con nosotros. Quien tras conocer nuestra historia en Rusia prometió llevarnos ...

Camaradería, talento y planificación

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Dormimos de nuevo en la sala de espera del hospital y allí (valga la redundancia) esperamos a Sheva que fue dado de alta al mediodía. A pesar de que el médico le recomendó quedarse un día más, él se negó a escuchar cualquier razón y abandonó lo más rápido posible el centro de salud apenas el reloj marcó las 12.  Caminamos de nuevo en rumbo al Parque Central de la ciudad donde nos aguardaba nuestro nuevo amigo, el encargado del Reino del Permafrost (que por cierto se llama Yuri), que aprovechando su día libre nos dio un tour por algunos lugares de la ciudad. Luego del paseo turístico nos llevó hasta su casa con el fin de asar carne y tomar bastante alcohol viendo los partidos del día. Por supuesto con especial énfasis en el de la selección anfitriona.  Casi sobre el inicio de la jornada deportiva notamos que faltaba comprar maní, por lo que me ofrecí como voluntario para abastecer dicha provisión. Pregunté si era necesario traer algún elemento más a lo que me respon...

Más gigantes con pies de barro

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Descansamos por un rato en la sala de espera del hospital antes de comenzar la jornada. El día no fue tan frío a pesar del punto geográfico del mundo en el cual nos encontramos; hasta me lavé la cara sin titubear. Acto que me es difícil realizar en las mañanas invernales de cualquier parte del globo. Por suerte la operación de Sheva no supuso complicaciones más allá de que su apéndice tenía forma y tamaño de la cabeza de Sampaoli. Esperamos que pase la noche para verlo así descansaba del largo viaje y del estrés propio que causa una situación como la que vivió. Pronto en la mañana lo visitamos mientras se encontraba reposando en la cama de un pabellón.  Lo primero que nos preguntó fue si le conseguimos vodka. Asentimos y dejamos una botella de agua aquarius sobre una pequeña mesa junto a su cama. Como imaginan la botella contiene el destilado alcohólico en vez de agua. – Me dan de alta mañana. – nos comentó Sheva – Si tuviera una residencia en Yakutsk ayer mis...