Más gigantes con pies de barro
Descansamos por un rato en la sala de espera del
hospital antes de comenzar la jornada. El día no fue tan frío a
pesar del punto geográfico del mundo en el cual nos encontramos;
hasta me lavé la cara sin titubear. Acto que me es difícil realizar
en las mañanas invernales de cualquier parte del globo.
Por suerte la operación de Sheva no supuso
complicaciones más allá de que su apéndice tenía forma y tamaño
de la cabeza de Sampaoli. Esperamos que pase la noche para verlo así
descansaba del largo viaje y del estrés propio que causa una
situación como la que vivió. Pronto en la mañana lo visitamos
mientras se encontraba reposando en la cama de un pabellón.
Lo primero que nos preguntó fue si le conseguimos
vodka. Asentimos y dejamos una botella de agua aquarius sobre una
pequeña mesa junto a su cama. Como imaginan la botella contiene el
destilado alcohólico en vez de agua.
– Me dan de alta mañana. – nos comentó Sheva –
Si tuviera una residencia en Yakutsk ayer mismo me hubieran liberado.
Pero al no tenerla el médico quiso asegurarse de que mantenga por lo
menos 48 horas de reposo.
Enseguida de ello, una enfermera entró con un plato
de comida para nuestro amigo. También le trajo algo de pan que
terminó cortado en pedazos en el bolsillo de Henríquez por si el
hambre nos encuentra más tarde.
Sheva nos dijo que aprovechemos a conocer la ciudad
que tiene su encanto y nos recomendó visitar El Reino de Permafrost,
dos túneles bajo tierra de una antigua mina que permanecen
congelados durante todo el año y en la actualidad lo usan de galería
de arte en hielo.
Partimos para allá y nada grata fue nuestra sorpresa
cuando encontramos cerrada la atracción. Eran las 10 de la mañana
del lugar y según un cartel las puertas abrían al público dentro
de una hora, algo que nuestra poca paciencia no pudo esperar.
Entonces caímos en la tentación de colarnos.
Fuimos detenidos por los guardias del sitio que con
la sola presencia de sus esbeltas figuras lograron que no osemos de
llevarles la contra. Allí nos trasladaron hasta la administración
donde esperamos la represalia del mandamás.
Era un hombre aún más esbelto que sus subordinados,
con cara bien cuadrada, pelo hasta los hombros bien fino y liso y un
rastro de barba entre la boca y el mentón. Apenas ingresó en su
oficina temblamos. Pero fue de frío por el aire que entró de
afuera. Él y su primer gesto al conocernos ya no nos dio miedo.
Con una sonrisa de lado a lado dejó escapar cada
tanto una carcajada mientras me palmeaba el hombro. Apelando a un
castellano bastante fluido se rió de nuestra situación y dijo que
habíamos sido unos tontos por intentar entrar cuando el lugar está
cerrado. Nos pidió nuestros documentos y al notar que yo era
uruguayo me preguntó por la localidad de San Javier. Le dije que la
conocía de nombre y su historia como una colonia de inmigrantes
rusos pero que aún nunca estuve. Él me contó que la visitó hace
pocos años yendo al encuentro de familiares lejanos de su madre y
que aprovechó para pasar por otros puntos de Uruguay y Argentina.
La conversación se convirtió en la típica
situación de cuando se encuentran dos individuos que viajaron alguna
vez. "¿Pasaste por tal lugar?" "¿Qué te pareció
ese sitio?" "¿Probaste tal comida?" "¿Qué
opinión formaste sobre la gente?" Y muchas otros temas que
nacen del simple hecho de conocer los mismos sitios.
El ruso quedó encantado con nosotros y nos invitó a
recorrer los llamativos túneles que exhiben impactantes esculturas
de hielo. Luego de transitar el sitio, el cual nos enteramos que los
soviéticos lo usaron por cierto tiempo como reserva de alimentos
debido a que durante el año mantiene la misma temperatura, nos
quedamos a comer y de paso a charlar de los primeros partidos del
Mundial.
Eso hizo pasar el tiempo y cuando notamos que el
reloj marcaba las 21 horas prendimos el televisor para ver
Corea-Suecia mientras degustamos un coñac cortesía de nuestro
amigo. A este ruso no le gustaba el vodka.
Corea 0 Suecia 1
La jornada se abrió con un partido que fue tal cual
todos lo suponíamos. No hubo sorpresas en el enfrentamiento entre
los defensores de la bandera de la cual Boca Juniors de Argentina
tomó sus colores y la selección fija en los Mundiales que sabe que,
sin la ayuda de los árbitros, no volverá a realizar una
participación como la de 2002.
Corea, como siempre hacen los equipos asiáticos con
costa en el océano Pacífico, salió a proponer un juego de
velocidad, toque y ofensa pero con la liviandad de siempre. Mientras
que los suecos propusieron pararse en sus posiciones, chocar fuerte y
centros frontales; justamente la kriptonita de los asiáticos.
Demasiado rostro de preadolescentes tenían los
vecinos de Kim Jong-un y eso valentonó a los suecos que con algunos
futbolistas de rasgos faciales más veteranos sabían que no
perderían el partido. Entre ellos debemos destacar a su capitán
Granqvist. Figura indiscutida al cometer errores defensivos que no
fueron capitalizados por su rivales, chocar ante individuos de menor
porte, ser el arma ofensiva más importante en los centros al área
coreana y por supuesto hacer el gol de la victoria.
Gol que nació por esos clásicos errores
futbolísticos que cometen los recién ascendidos a primera y los del
mundo oriental cada vez que juegan un Mundial. Errores forzados por
la inexperiencia y el enojo de chocar contra rivales más grandes
durante todo el partido; enojo que llevó a Min Woo Kim a derribar
dentro del área a un sueco tal cual un leñador tala un árbol. El
árbitro... Digo, el VAR cobró penal que Granqvist aprovechó para
anotar en su partido "redondo".
Con el pitido final no nos queda más que decir que
los coreanos siguen sin entender el poder de la pelota dividida y del
desorden para conquistar un gol o conseguir un penal en situaciones
de baja calidad estética. Eso que el playstation y el K-Pop no te
enseñan.
Bélgica 3 Panamá 0
Panamá tuvo su debut mundialista ante los belgas,
que una vez más, fueron favorecidos por el sorteo midiéndose con
rivales menores hasta los cuartos de final cuando queden eliminados
como manda la historia.
Es en estos partidos antes de los partidos duros
cuando se valorizan los grandes futbolistas belgas destacados en
equipos que no ganaron ninguno de los campeonatos de liga con sus
respectivos clubes.
Sin embargo, Panamá puso en aprietos a los favoritos
en el primer tiempo cerrando cualquier canal por donde puedan llegar
al arco. (¿Entendieron la referencia? Canal Panamá.) La
desesperación de los europeos se notó en el campo donde Lukaku, De
Buyrne y Hazard no encontraban su juego. Tal vez alguien en el
vestuario les escondió el “Catàn”.
Pero para la segunda parte, el encuentro cambió
gracias a que los centroamericanos se percataron que si seguían
complicando la posible victoria de los belgas éstos podían
enfadarse y no querer cambiar camisetas con ellos. Tesoro que los
panameños fueron a buscar en su primera participación en Copas del
Mundo. Así fue que abrieron el canal y el equipo de la camiseta en
homenaje a Calcetínconrombosman logró crear situaciones y
convertirlas.
Fue Mertens el primero en vulnerar el arco de los
chicos que participaron con la indumentaria de los Estados Unidos.
Luego Lukaku en dos oportunidades estableció el 3-0 final con el que
todos se fueron contentos y uniformes de otra selección para sus
colecciones personales.
Inglaterra 2 Túnez 1
Gran expectativa generó el primer encuentro de los
padres del fútbol en el Mundial de Rusia. Muchos queríamos ver a la
nueva generación de futbolistas que promete conseguir trofeos y
actuaciones destacadas como no lo hicieron los Rooneys, ni los
Beckhams, ni los Owens. Al frente, la selección de Túnez que
retorna al Mundial con la misma expectativa de siempre: jugar tres
partidos y volver a casa.
En el arranque, los británicos salieron a apabullar
con todo su poderío sobre el arco de los africanos. Motivados desde
antes del inicio con su himno homónimo a una canción de los Sex
Pistols, lograron que tan sólo a los dos minutos el portero Hassem
de Túnez evite un primer gol al desviar un remate de Lingard, la
nueva promesa del Manchester United.
Antes de los 12, Inglaterra creó gran número de
chances hasta que Kane marcó el gol al aprovechar el rebote
producido por una estirada gatuna del portero. Jugada que descendió
del sueño al arquero tunecino que enseguida pidió cambió alegando
una lesión. Pero sabemos que pidió la sustitución porque con la
actual situación se preveía un gran número de conquistas del
imperialismo inglés.
Es que el partido era digno de un encuentro de
principio de siglo XX cuando los de la isla eran profesionales y cada
tanto goleaban a otros combinados que recién comenzaban a practicar
fútbol. Túnez daba la impresión de no conocer los tiempos ni la
manera de jugar al deporte rey y se notó en la cancha hasta que
lograron zafarse del asedio rival y, de esa manera, desenmascarar a
su adversario de turno.
Los ingleses parecían poderosos. Sus jugadores daban
la sensación de ser completos, de estar siempre concentrados pero un
simple centro a su retaguardia terminó en un tonto penal a favor del
equipo africano. Walker golpeó con el codo a Ben Youssef y la pena
terminó en gol de Sassi.
Tras ello, Túnez creció y los ingleses mostraron lo
que realmente son: un equipo que parece fuerte pero muchos de sus
jugadores no saben patear una pelota. Su victoria se explica porque
Kane convirtió un segundo gol pasada la hora y porque un empate a
los tunecinos les abría una chance cierta de pasar de fase, algo que
no les interesa.

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