Mal día para apostar
Tras los partidos del sábado negociamos con el encargado del restaurante Sever y pasamos la fría noche allí. Antes de dormir y en un descuido del dueño, robamos el tarro de propinas; un efectivo que nos viene bien para más adelante. Conciliamos el sueño con facilidad pero en el correr de la noche Sheva comenzó a dar fuertes quejidos de dolor. El encargado llamó a un médico quien revisó a nuestro capitán y con cara preocupada le diagnosticó apendicitis. Enseguida pidió el teléfono para realizar un llamado y luego de pronunciar tres palabras (supongo que fueron tres, al no entender ruso solamente puedo decirles que sonó así) cortó. A los pocos minutos una especie de ambulancia (específicamente era un furgón Moskvitch 433 pintada de blanco) estacionó fuera del local y subieron a Sheva para llevárselo consigo. Nuestro amigo exigió que Henríquez y yo lo acompañáramos y en el apuro los conductores y el doctor aceptaron. Fuimos bien apretados. La ambulancia t...