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Mal día para apostar

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Tras los partidos del sábado negociamos con el encargado del restaurante Sever y pasamos la fría noche allí. Antes de dormir y en un descuido del dueño, robamos el tarro de propinas; un efectivo que nos viene bien para más adelante.  Conciliamos el sueño con facilidad pero en el correr de la noche Sheva comenzó a dar fuertes quejidos de dolor. El encargado llamó a un médico quien revisó a nuestro capitán y con cara preocupada le diagnosticó apendicitis.  Enseguida pidió el teléfono para realizar un llamado y luego de pronunciar tres palabras (supongo que fueron tres, al no entender ruso solamente puedo decirles que sonó así) cortó. A los pocos minutos una especie de ambulancia (específicamente era un furgón Moskvitch 433 pintada de blanco) estacionó fuera del local y subieron a Sheva para llevárselo consigo. Nuestro amigo exigió que Henríquez y yo lo acompañáramos y en el apuro los conductores y el doctor aceptaron. Fuimos bien apretados.   La ambulancia t...

Todo para las cámaras

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Si yo fuera el capitán del barco escribiría en mi bitácora: "Hoy me despertó una foca". Así de literal deben tomar mis lectores la frase de cómo comenzó mi día tras dormir unas pocas horas a causa de mi turno nocturno en el barco.  Una foca barbuda, típica de los mares donde navegamos, logró subir a la superficie de nuestro transporte e ingresar al interior hasta el lugar que utilicé para recostarme tapado con una colcha. El animal notó que pronto lo acusaría de polizón por lo que rápidamente escapó al exterior y se zambulló en las aguas heladas del mar de Láptev. No sin antes probar y disminuir nuestras provisiones alimenticias.  Fui a pedir explicaciones de lo ocurrido a mis dos compañeros de viaje y como no podía ser de otra forma, ambos ni notaron la presencia del ser de más de 200 kilos por estar jugando a la payana. Pero sí les pareció en un momento sentir un golpe brusco sobre el barco aunque le asignaron como causa de chocar contra hielo de las aguas. ...

Jornada de patatús

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Seguimos en nuestro viaje por los mares del norte de Rusia bajo la conducción y prudencia del, a veces demasiado fanático del vodka, capitán Sheva. No sé cuánto tardaremos en llegar a lugares poblados en el occidente ruso pero la impaciencia nos invade a mí y a mi colega Henríquez en nuestro afán de vivir el Mundial.  Pero lo bueno es que sin importar dónde uno esté la tecnología permite en la actualidad ver cada partido de la competición. Además hoy el menú futbolístico trajo en la entrada a la selección de mi país: Uruguay. Combinado el cual voy a analizar fría y objetivamente como mi freelancerismo manda. Así que para arrancar la jornada de balompié, Sheva se sacó los guantes, tomó su smartphone y puso el mismo canal que el día anterior. Ya abalanzados todos sobre el aparato que jugó con nuestra ansiedad al demorar en cargar solamente para mostrar en la pantalla: (en ruso) "No contamos con los derechos de transmisión para su zona". Ante el desespero, Sheva m...

En honor a Putín

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Con Herníquez se nos ocurrió ir hasta Vladivostok pero esta vez revisamos un mapa antes y notamos que sólo nos alejaríamos aún más de los puntos donde se disfruta la fiesta del fútbol. La opción B debía ser mejor pensada. Apenas comimos seguimos buscando el medio que nos acerque a la Rusia civilizada y fue gracias a la suerte de los perdidos que marchando cerca del muelle nos encontramos con un hombre en total estado de ebriedad, gritando en ruso-inglés-español que deseaba retar a alguien a un duelo de payana. Sin saber concretamente por qué, esto olía a oportunidad. En pleno Petropavlovsk toda persona que pasó alrededor ignoró al borracho. Nosotros fuimos directamente a él y aceptamos su desafío. Vencimos de ton a son. A nuestro rival le era imposible mantener el equilibrio de las piedras sobre la mano. Después de los cinco minutos que duraron las tres partidas, él nos ganó de mano al preguntar cómo conocíamos el juego a lo que respondí que nací en Uruguay. El borracho, que n...

¡Llegamos!

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Sin ni siquiera un billete en el bolsillo pero con una voluntad que supera en creces a lo razonable, me embarqué hacia tierras lejanas tras el sueño de un empleo como freelancer escribiendo e informando sobre los partidos de fútbol que ofrece un nuevo Mundial.  Una aventura que citó la máxima de Maquiavelo porque Rusia fue el fin y el "no importa cómo", el medio. Saltearé algunos detalles en la siguiente narración con respecto a lo segundo para no aburrirlos y sobre todo porque en varias oportunidades puede que la ética juzgue horrorizada mi maltrecha moral. En fin, después de meses navegando (y varios vómitos por mareo) llegamos a Rusia un día antes del comienzo del Mundial. No fue fácil. Realmente no fue fácil la larga travesía de cruzar el océano Atlántico "haciendo dedo" de isla en isla en el inmenso mar. Eramos yo y Henrique Orlando (mi amigo poeta que me acompaña en busca de inspiración para sus escritos) quienes muchas veces fuimos los únicos hab...