Jornada de patatús
Seguimos en nuestro viaje por los mares del norte de
Rusia bajo la conducción y prudencia del, a veces demasiado fanático
del vodka, capitán Sheva. No sé cuánto tardaremos en llegar a
lugares poblados en el occidente ruso pero la impaciencia nos invade
a mí y a mi colega Henríquez en nuestro afán de vivir el Mundial.
Pero lo bueno es que sin importar dónde uno esté la
tecnología permite en la actualidad ver cada partido de la
competición. Además hoy el menú futbolístico trajo en la entrada
a la selección de mi país: Uruguay. Combinado el cual voy a
analizar fría y objetivamente como mi freelancerismo manda.
Así que para arrancar la jornada de balompié, Sheva
se sacó los guantes, tomó su smartphone y puso el mismo canal que
el día anterior. Ya abalanzados todos sobre el aparato que jugó con
nuestra ansiedad al demorar en cargar solamente para mostrar en la
pantalla: (en ruso) "No contamos con los derechos de transmisión
para su zona".
Ante el desespero, Sheva me entregó su celular para
que yo busque alguna aplicación pirata donde ver el partido.
Mientras tanto él prendió su radio y pudo sintonizar el relato ruso
del cotejo entre celestes y egipcios. Nosotros, por supuesto, lo
obligamos a que nos traduzca cada palabra dicha por el relator.
Uruguay 1 Egipto 0
Corrían 30 minutos de la primera parte cuando
conseguimos visualizar el partido en streaming. Notamos que no nos
perdimos de mucho porque lo interesante comenzó a pasar recién
cuando faltaban diez minutos, o sea, cerca del único gol a favor de
los sudamericanos.
Hasta el minuto 80 podemos identificar las siguientes
constantes del encuentro: Suárez perdiendo el balón porque esperaba
que aparezca Messi para darle un pase, el franco-argentino Trezeguet
como el hombre más peligroso en la ofensiva de los africanos y un
montón de situaciones en la última línea diluidas debido a malas
decisiones de los lanzadores o de los receptores cuando elegían sus
movimientos. Tan incorrectas eran dichas decisiones que daban ganas
de decirles gracias por ser futbolistas y no estar a cargo de bases
militares con armamento nuclear.
En fin, Uruguay se quedó con los puntos en juego a
causa de lo realizado al final del partido. El arquero récord en
edad, Essam El-Hadary, era figura hasta que Giménez y su cabezazo
hicieron explotar de felicidad a los seguidores celestes marcando el
gol. Tanta fue la alegría del momento que muchos ciegos pudieron ver
la anotación, gran número de sordos lograron oírla y el entrenador
Oscar Tábarez consiguió pararse a gritar sin el bastón.
De esta manera La Celeste rompió la maldición de 48
años sin ganar en un debut mundialista y lo hizo justo contra el
país más preparado con respecto a maldiciones. También fue un
alivio para todo el plantel uruguayo poder quitarse la casaca al
finalizar el partido porque aprieta mucho y es desagradable ver la
forma en que se marcan los pezones en ella. ¡Da la impresión de que
se les va a quedar adherida la pelota al pararla de pecho! Ni
perdiendo en el Mortal Kombat luego del “continue” ves algo tan
punzante.
Marruecos 0 Irán 1
En un partido que sería de los más destacados en el
Mundial 2026, no así en el de 2018, Irán ganó el segundo cotejo
del día de la misma forma que Uruguay, con un gol sobre la hora.
Lo explayado en el terreno de juego sólo se compara
a cuando en el cumpleaños de 90 años de una abuela, luego del
almuerzo, a los tíos con poco movimiento no se les ocurre nada mejor
que jugar al fútbol contra los sobrinos de 12 años.
Los players de Marruecos fueron esos chicos de 12
años que corrieron de un lado a otro. Parecían imparables
comparados con los toscos futbolistas iraníes que se trasladaban
menos y abusaban de continuas faltas en cualquier parte del campo.
Al igual que los más pequeños, los marroquíes
triangulaban y dribleaban a sus adversarios pero por falta de
experiencia, convicción o fuerza no convertían un gol. Distinto a
los tíos asiáticos que disparaban el balón desde cualquier parte
de la cancha sin importar la dirección del tiro.
Para el segundo tiempo ambos equipos se cansaron al
igual que lo harían los mayores del cumpleaños y los sobrinos. La
abundante comida y el alcohol ingerido mareó a los adultos por lo
que dejaron de medir con rigurosidad la cantidad de golpes
brindados sobre los rivales al igual que la fuerza con la que los
cometían. Eso enojó también a los preadolescentes que buscaron
revancha propinando también golpes de revancha a la vez que se
olvidaban de jugar al fútbol.
La realidad nos mostró que la etapa final fue un
campo de batalla donde ambas escuadras cometían infracción tras
infracción. Lo único que valía la pena ver era al entrenador de
los africanos, el "papucho" Hervé Renard, que cada vez que
aparecía en cámara era un galán de Hollywood.
El choque era un constante falta, falta, foto de
Renard para el casting de Sherlock Holmes; falta, falta, Renard en el
papel de un militar matando nazis; falta, falta, Renard como Thor en
Los Vengadores; falta, falta, Renard descubriendo una ciudad perdida
en una selva asiática... Hasta que el mejor futbolista de Marruecos,
Amrabat, que vendría a ser el primo mayor al que no le prohíben
tomar cerveza en el cumpleaños tuvo que dejar el campo por
encontrarse mareado.
Al fin y al cabo, cuando nadie daba algo por ninguna
de las dos selecciones y con los espectadores abandonando el estadio,
un tiro libre movió el marcador. Pasando el minuto 90 la pelota fue
centrada al área marroquí donde golpeó la cabeza del sobrino más
“pata-dura” y se metió en el arco estampando un autogol con el
que los iraníes se llevaron los tres puntos y un pedazo de torta
para desayunar mañana.
España 3 Portugal 3
Una verdadera lluvia de goles se dio cita en el
cierre de la jornada mundialista del viernes. En el encuentro que
(dicen) se jugó en Sochi (aunque en realidad sospecho que el partido
se disputó en Madrid) la confusión (porque muchos del Barcelona
vistieron de blanco y en Raphael jugó por Portugal mientras que un
Costa defendió a España) y la emoción influyeron en los
protagonistas para entregarnos a los amantes del fútbol difícil de
olvidar.
Apenas pitó el árbitro, Portugal abrió el marcador
desde un tiro de penal que convirtió Cristiano Ronaldo. El
futbolista del Real Madrid, Nacho, cometió la infracción sobre la
propia estrella lusa ayudándola para que anote como lo hace en su
club.
La Roja quedó atónita con el arranque y por más
que aplicó durante un tiempo su "tiki-taka" notó que su
estilo de juego sin remates al arco no sirve de nada cuando se va en
desventaja. De forma rápida los futbolistas decidieron cambiarse a
un fútbol más efectivo pateando para arriba para que Diego Costa se
sienta cómodo chocando contra todos hasta hacer el gol. Tan
inteligente táctica funcionó porque pronto llegó el empate.
Pero de nuevo la solidaridad de los futbolistas del
Real Madrid, en un claro intento de que Ronaldo siga con ellos la
próxima temporada, llevó a Ramos a no marcar al goleador portugués
permitiendo su remate de zurda y gritar su segundo gol. Hay que
mencionar también la responsabilidad del guardameta De Gea que no
quiso bloquear el tiro en claro guiño hacia Florentino Pérez para
que lo fiche de una vez por todas tras la Copa del Mundo.
España volvió a empatar y hasta a pasar por delante
en el marcador gracias (de nuevo) a dos jugadas que no son del
paladar de los hinchas del Barcelona: otro gol de Costa tras tiro
libre ejecutado en forma de centro y un extraordinario disparo lejano
de Nacho luego de un mal despeje de la defensa.
Ambos goles
desataron la alegría del banco castellano donde pudimos ver al D.T.
Hierro emocionado moviendo las manos como si fuera un bebé jugando
con su papá.
Tras tremenda fiesta, sólo quedaba colocar la
frutilla de la torta. Cristiano Ronaldo se encargó de hacerlo
faltando tres minutos con un tiro libre que igualó el tablero en
tres goles por bando. Un resultado que alegró a todos los del Real
Madrid, incluyendo a Lopetegui.

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