¡Llegamos!
Sin ni siquiera un billete en el bolsillo pero con
una voluntad que supera en creces a lo razonable, me embarqué hacia
tierras lejanas tras el sueño de un empleo como freelancer
escribiendo e informando sobre los partidos de fútbol que ofrece un
nuevo Mundial.
Una aventura que citó la máxima de Maquiavelo porque Rusia fue el fin y el "no importa cómo", el
medio. Saltearé algunos detalles en la siguiente narración con respecto a lo segundo para no aburrirlos y sobre todo porque en
varias oportunidades puede que la ética juzgue horrorizada mi maltrecha moral.
En fin, después de meses navegando (y varios vómitos
por mareo) llegamos a Rusia un día antes del comienzo del Mundial.
No fue fácil. Realmente no fue fácil la larga travesía de cruzar
el océano Atlántico "haciendo dedo" de isla en isla en el inmenso mar. Eramos yo y
Henrique Orlando (mi amigo poeta que me acompaña en busca de inspiración para sus escritos) quienes muchas veces fuimos los únicos habitantes por interminables semanas en pequeños sitios de tierra firme de los cuales no hay lápices lo suficientemente finos para dibujarlos en el mapa.
Cada tanto pasaba un barco que nos acercaba a otro sitio y a cambio del llevarnos y alimentarnos, trabajamos como vigilantes
nocturnos, cocineros y encargados de limpieza en distintos de ellos. En general eran flotas francesas que recorrían las rutas maritímas que unen
Guayana Francesa con el país
donde gobernó Luis XIV.
La última embarcación que nos recogió fue un crucero con rumbo hacia Montecarlo, desde donde nos movimos hasta Caen y allí hacia Rusia gracias a que logramos colarnos como polizones en una carga de perfumes.
La última embarcación que nos recogió fue un crucero con rumbo hacia Montecarlo, desde donde nos movimos hasta Caen y allí hacia Rusia gracias a que logramos colarnos como polizones en una carga de perfumes.
Apenas desembarcamos en el puerto de Petropávlovsk,
una ciudad-puerto con poco brillo pero mucho frío, mi colega se
dignó de llamarla "Paraíso Fiscal" como acostumbra hacer con todo lugar
nuevo que conoce. Debo comentarles que él intenta perseguir una
especie de escuela poética apoyada en los principios de que la poesía
radica en la vulgaridad humana y en que las palabras se debe tomar a partir de una
interpretación errónea; por eso también es común que exprese un
"años luz sin verte" cuando en realidad esa unidad no mide
el tiempo sino la distancia. Según la creencia de Henríquez mientras menos sepa lo que diga uno mismo, mayor es la probabilidad de crear una poesía
pura y original.
Volvamos a lo nuestro. Fue un error grosero el llegar
a esa ciudad. Más allá de que el lugar pertenezca a
Rusia, ¡está aún más lejos de Moscú que el propio puerto francés
del cual partimos! Tal vez debimos investigar el destino antes de notar, una vez llegados, que Petropávlovsk queda sobre el Pacífico al otro
lado del mundo.
Un inconveniente no sencillo de solucionar. El Mundial comienza mañana y no podemos darnos el lujo
de no estar en el inicio, sobre todo yo que persigo planes profesionales. De cualquier manera, ninguno de nosotros suele desesperar con problemáticas como éstas. Tenemos confianza y ya se nos ocurrirá algo. Ya sabremos
cómo llegar a Moscú antes del pitido que da inicio a la honorable justa que despierta los sueños de glorias de 32 combinados. Pero ahora, lo importante es comer y a lo
lejos diviso un perro callejero que descubrió en cuál contenedor de
basura puede que hallemos alimento.
Nota aparte: En este puerto no se siente un ambiente
de Copa de Mundo.

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