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Un tema de prioridades

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Los rusos de quienes nos hicimos amigos bajaron en Severobaikalsk. Tras varias horas de buena compañía nos dejaron sus contactos y nos conectaron con uno de sus amigos en Taishet, quien nos recibiría en su hogar y conseguiría trabajo para Henríquez y para mí por dos días en el hotel Biryusa. Teníamos la idea de encontrarnos con él apenas desembarquemos en la propia estación de trenes. Pero cuando descendimos no lo vimos al instante y como en minutos comenzaban los últimos juegos de la fase de grupos nos fuimos de allí.  Con Henríquez queríamos encontrar un bar o restaurante donde pasen los partidos simultáneos en dos televisores pero nuestra perspectiva cambió al notar un detalle desde el exterior de la estación. A solamente dos cuadras encontramos el hotel donde se supone que trabajaríamos, enseguida nos dirigimos allí y nos presentamos ante el recepcionista. El trabajador no fue avisado de nuestra llegada por lo que nos pidió que volviéramos mañana.  Salimos d...

La cerveza más amarga

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Hoy volvimos a pasar por Tynda durante la parada de 30 minutos. El ruso que ayer compartió su tablet con nosotros bajó justamente allí. No supimos cómo se llamaba y él tampoco supo nuestros nombres pero al menos su compartimento con la tablet nos ayudó a conocer a dos nuevos de sus compatriotas que tomaron el tren a partir de Komsomolsk.  Ellos se comunicaban con nosotros en inglés y entablamos relación, como decía, gracias a la simpatía del veterano que compartió las transmisiones de los partidos de ayer. Los dos nuevos tripulantes del transiberiano se acercaron durante el Argentina-Nigeria e invitaron con unas cervezas que tenían.  Apenas nos detuvimos en Tynda, hicimos una pequeña colecta con el fin de comprar provisiones para el resto del viaje y por supuesto para ver los encuentros del día. Henríquez y yo no nos alejamos por más de 10 metros del tren, aún teníamos un estado de paranoia por no contar con más dinero para otro pasaje y por el error de haberlo...

Más despidos

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Abordamos el transiberiano sobre el mediodía de Vanino. Nuestro próximo será Taishet que es hasta donde el dinero nos alcanza para comprar pasajes; allí veremos cómo seguir nuestro viaje. Siempre se puede volver a repetir el cantar canciones de Natalia Oreiro en la calle. Con Henríquez pensamos en bañarnos apenas subimos al tren pero como en esta oportunidad sacamos boletos en tercera clase, no contamos con derecho a ducha ni tampoco a la canasta de frutas que nos dieron la vez pasada.  Nos acomodamos en una de las cuchetas del vagón mientras que la del frente nuestro solamente la ocupaba un ruso muy callado de unos 60 años que tomaba vodka y miraba una tablet apagada. El ruso daba vueltas el aparato buscando el botón de encendido. Cuando se rindió, levantó la vista y se dio cuenta que nosotros lo observamos. Eso no lo ofendió ni lo hizo sentirse invadido porque su primer pensamiento de nosotros fue que eramos su oportunidad. Nos hizo un gesto pidiendo que nos a...

Dúplex

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Nos quedamos el día entero en Vanino. Tras dormir en una pequeña pensión, caminamos por la ciudad recorriendo principalmente la franja costera. No sabemos si era por el enojo e impotencia de haber tomado el tren en dirección contraria (o simplemente porque la ciudad no nos gustó) que no encontramos nada bonito en ella. Henríquez por primera vez no tildaba un lugar de "Paraíso Fiscal". Tras varias horas de caminata encontramos un bar deportivo llamado Myunkhen cerca del lago Ozero Muchke. Allí entramos y nos ubicamos en una mesa del centro frente a la barra, por debajo de la ventana y una bandera del F.C. Barcelona. Los televisores colgados a la pared se distribuían uno a la derecha nuestra y otro bien al frente. La idea de comer y beber allí tenía la ventaja de que veríamos las transmisiones de los partidos en simultaneo. Henríquez me propuso que yo mire los encuentros de la TV del frente porque está más cerca y mi vista suele fallar con la distancia y él se conc...

Renacimientos

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Un día entero. Veinticuatro horas tardamos en darnos cuenta que cometimos un grave error. En todo ese tiempo vimos los partidos del sábado, comimos, nos duchamos, charlamos con el cantinero del bar solamente de fútbol... Y ahí no actuamos de forma inteligente. Si nuestra charla se hubiera extendido a otros temas seguro no demorábamos tanto en darnos cuenta que hacíamos mal. No fue hasta que vimos al bartender y a la gran mayoría de los pasajeros bajar del tren que notamos que algo raro estaba ocurriendo. No parecía otra de las paradas de 30 minutos para comprar comida. Apenas reaccionamos fuimos detrás de nuestro amigo del bar y le preguntamos por qué bajaba con su equipaje, a lo que respondió que casi llegamos al final del trayecto. -¿Estamos cerca a Moscú? – pregunté. -¿Moscú? Nunca más lejos. ¡Bienvenidos a Vanino, mis amigos! ¡Abordamos el tren en dirección contraria! Un pequeño error de orientación que nos alejó más del occidente ruso.  Enseguida tom...

Estrellas en el día

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Esta vez sí abordamos el tren. No nos quedamos dormidos luego de comer y enseguida hicimos guardia junto al local de los boletos esperando que abra. La chica que nos atendió no hablaba ni inglés ni español pero con esfuerzo conseguimos comprarle dos pasajes que costaron mucho menos de lo que averiguamos la primera vez. Abordamos el tren temprano en la tarde. Dejamos nuestras pertenencias en una de las cabinas de segunda clase de cuatro metros cuadrados y partimos a conocer el resto de los vagones para conocer las diferencias entre las distintas clases y los servicios que ofrecen dentro del tren. Alrededor de las 18 horas y luego de comer un cesto de frutas que descartaron en una de las cabinas de primera fuimos al vagón del bar. Allí colgaba un televisor pero estaba emitiendo el partido que iniciaba la jornada. Preguntamos al cantinero si podía sintonizar el partido de Bélgica y Túnez pero nos contestó que el aparato no tiene antena ni codificador, pero que si poseíamos co...

Clavados de último momento

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La mañana nos tomó por sorpresa en la estación de trenes en Tynda. Sin pensarlo, a lo que lleva que nuestros actos de las horas anteriores sean inconscientes, tomamos alcohol en abundancia y nuestros cuerpos no fueron capaces de despertar antes de que el Transiberiano pase por la localidad.  De cualquier forma, no íbamos a poder abordarlo. Como malos administradores, el resto de nuestro dinero fue llevado por la corriente de ríos de alcohol y esas aguas espirituales también nos arrastraron hasta la total indigencia. No es que antes fuéramos ricos, caminábamos sobre la línea que bordea el no tener nada y el poseer al menos dinero para el transporte hacia Moscú.  Los errores de una noche loca tienen sus consecuencias. Por eso debíamos buscar la manera de conseguir 26 mil rublos rusos en pocas horas para pagar el pasaje de ambos y así evitar pasar otra noche alejado del foco mundialista.  – ¡Piensa, piensa, Henríquez! Tú eres el de las buenas ideas para mo...